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21 junio, 2024

Tras hacer historia en París, Alcaraz se quedó con las ganas de la tradicional foto en la Torre Eiffel pero ya tiene un nuevo sueño

Carlos Alcaraz está destinado a hacer grandes cosas con una raqueta de tenis en la mano. Lo anticiparon quienes lo vieron crecer en las canchas de Murcia y doblegar rivales en sus años de junior. Y quienes, cuando daba sus primeros pasos en el circuito profesional, lo bautizaron como el «heredero de Nadal». Y él viene cumpliendo los pronósticos. Al conquistar su primer título de Roland Garros, se convirtió en el jugador más joven de la historia en ganar Grand Slams en tres superficies diferentes y en el primero en levantar los trofeos del Major francés, Wimbledon y el US Open con menos de 22 años. Alexander Zverev, a quien venció en la final del domingo en París, aseguró que Carlitos «ya hizo méritos suficientes para entrar al salón de la fama». Pero el murciano sabe que aún tiene mucho por recorrer.

«No importa lo que haya conseguido hasta ahora, con 21 años, si me estanco acá. Yo quiero seguir mi carrera y seguir creciendo para llegar adonde están Djokovic y Rafa y adonde estaba Federer hasta hace poco. Los buenos y los cracks han seguido mejorando durante su carrera hasta llegar a los 37 o 38 años en su mejor momento», aseguró este lunes, cuando volvió al Philippe Chatrier enfundado en un elegante traje negro, con una enorme sonrisa y la codiciada Copa de los Mosqueteros en mano, para la tradicional sesión fotográfica del campeón, que este año tuvo que cambiar de escenario.

Es que por las medidas de seguridad que ya empezaron a implementarse en París, a menos de 50 días de los Juegos Olímpicos, el torneo no puedo hacer las fotos frente a Torre Eiffel, como es tradición, y optó por llevar al español a ese mismo escenario en el que horas antes había celebrado su tercera conquista «grande».

En un deporte vertiginoso y sin pausas como el tenis, los jugadores suelen tener poco tiempo para disfrutar de lo conseguido. Lo sabe Alcaraz, que ya empezó a pensar en sus próximos grandes objetivos: Wimbledon y los Juegos Olímpicos de París.

En el All England, al que irá previo paso por Queen’s, tendrá la chance de hacer historia una vez más y transformarse en apenas el sexto jugador en la historia en conquistar el Grand Slam francés y el británico en una misma temporada.

Si revalida la corona que ganó el año pasado en Londres, al vencer a Novak Djokovic en la final, Alcaraz se sumará a un selecto club integrado hoy por cinco leyendas: el australiano Rod Laver, que consiguió ese doble festejo en 1968; el sueco Björn Borg, tricampeón consecutivo de esos dos «grandes» entre 1978 y 1980; Rafael Nadal, que se unió al grupo en 2008; Roger Federer, que lo hizo en 2009; y Nole, en 2021.

«Conseguir todo lo que estoy consiguiendo a esta edad no es normal. Lo sigo viviendo con la máxima ilusión», afirmó Alcaraz. Foto EFE/ Teresa SuarezCarlitos, igual, resignaría la posibilidad de volver a levantar el trofeo sobre el césped inglés para cumplir otro sueño.

«Es complicado, pero si tengo que elegir, preferiría el oro olímpico que volver a ganar Wimbledon este año«, afirmó. «Los Juegos son cada cuatro años y representás a tu país y a todos los españoles. Cuando vuelva aquí tendré flashbacks. Podría ser muy bonito disputar mis primeros Juegos cuarenta días después de mi primer Roland Garros en este mismo escenario».

Dueño de 14 títulos (tres de Grand Slams) y ex número uno del mundo (es el más joven en ocupar ese escalón, al que llegó tras ganar el US Open en 2022), Alcaraz -que gracias al triunfo del domingo volvió al segundo escalón del ranking- es desde hace un tiempo uno de los mejores jugadores del mundo. Y aunque verlo levantar trofeos y brillar dentro de la cancha ya no sorprende a nadie, él sigue disfrutando cada logro como si fuera el primero.

«Conseguir todo lo que estoy consiguiendo a esta edad no es normal. Lo sigo viviendo con la máxima ilusión. Vi videos de cuando era pequeño debajo de la Torre Eiffel viendo Roland Garros. Estar años después levantando títulos como el de Roland Garros es un sueño, ya que era el torneo que veía desde que era pequeño. Son momentos muy bonitos. Sea el tercer título o el décimo, lo seguiré viviendo como si fuera el primero», comentó.

«Hay que disfrutar este tipo de momentos. Después de todo el trabajo y el sufrimiento para ganar este tipo de trofeos, lo tenés que compaginar con el disfrute. Igual yo estoy aprendiendo todavía. Tengo 21 años y me estoy conociendo: qué necesito y qué no, cómo hacerlo o cómo no hacerlo. Me doy cuenta de que hay que compaginar el trabajar y el sufrir con ese descanso y esa libertad; y hacer lo que te gusta, sentirte no tenista y ser un chaval normal. Te ayuda a aislarte y a despejarte para volver a la cancha al cien por ciento», aseguró.

El español aseguró que no tiene problemas imaginándose jugando hasta los 38 años. Y consultado sobre qué es lo más importante para llegar algún día a pelear por el título del GOAT (El mejor de todos los tiempos) del tenis, no lo dudó: «La cabeza».

«Estar aguantado 16 o 17 años en lo más alto del ranking, peleando por los grandes títulos año tras año, lidiando con la presión, con las lesiones, con todo, es algo fuera de lo normal. Tener esa continuidad año tras año es algo que pocos logran. La fortaleza mental y la cabeza es la que puede hacer que esté el día de mañana en el debate por ser el GOAT», reflexionó.

La cabeza, justamente, le jugó una mala pasada el año pasado en Roland Garros, cuando en su duelo de semis ante Djokovic no pudo gestionar los nervios y la tensión de la situación y sufrió fuertes calambres, que lo limitaron y fueron determinantes en su derrota. En esta edición, la historia fue otra.

«El año pasado desaprobé clarísimamente la asignatura de la mentalidad. Esta vez vinimos con los deberes hechos y lo pude hacerlo mucho mejor. Se aprende más de las derrotas, pero tenés que aprender de todo. En este torneo aprendí que un Grand Slam se gana con mucha fortaleza mental. Aunque estés impecable, si no estás fuerte de cabeza no podés ganar un Grand Slam. Hoy puedo decir que aprobé esta asignatura. Pero es un trabajo que mejorar y seguir creciendo». afirmó.

Ferrero también hizo historia en París

La consagración de Carlos Alcaraz en Roland Garros no habría sido posible sin su equipo de trabajo, sobre todo, su entrenador Juan Carlos Ferrero, que estuvo muy activo durante la final ante Alexander Zverev, ayudando a su pupilo a ajustar la estrategia en función de las situaciones que se iban dando en el partido. Carlitos reconoció que el título es tan suyo como del Mosquito, que se convirtió en apenas el segundo hombre en la historia en celebrar sobre el polvo de ladrillo de París cono jugador y como entrenador.

Ferrero, entrenador de Alcaraz, había ganado en París como jugador en 2003. Foto REUTERS/Yves HermanFerrero, entrenador de Alcaraz, había ganado en París como jugador en 2003. Foto REUTERS/Yves HermanFerrero se coronó campeón en Bois de Boulogne en 2003, cuando Alcaraz tenía algo más de un mes de vida. Venció en el duelo decisivo al neerlandés Martin Verkerk y conquistó el que sería su único Major. Y el domingo, el ex número uno festejó la victoria de Carlitos, a quien comenzó a entrenar en 2018 y con quien ya había ganado el US Open 2022 y Wimbledon el año pasado.

El único que había logrado antes ese particular «doblete» era otro español, Carlos Moyá. El mallorquín, también ex líder del ranking, ganó el Grand Slam francés como jugador en 1998 y luego como parte del banco de Rafael Nadal en cinco ocasiones. La primera en 2017, cuando todavía era el segundo coach de Rafa detrás del tío Tomi, y después en 2018, 2019, 2020 y 2022 como entrenador principal.

«Son dos situaciones diferentes, pero con el mismo resultado y con sensaciones preciosas. Cuando se gana como jugador, el esfuerzo y el sacrificio que se genera durante mucho tiempo se ve super recompensado. Como entrenador, igual, el equipo que siempre está alrededor de Carlos pasa mucho tiempo fuera de casa, lejos de su familia, y es un sacrificio que hacemos, pero que al final, con estas victorias que nos brinda él, duele un poquito menos», reflexionó Ferrero.

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