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23 mayo, 2024

El PSOE cruza los dedos y se encomienda a la «remontada»

El PSOE ha vivido esta convocatoria electoral a través de una sucesión de olas anímicas contradictorias entre sí, con el partido pasando de la depresión a la esperanza para volver al abatimiento y de ahí pasar de nuevo a la ilusión. Cuando Pedro Sánchez anunció el adelanto de las generales, a raíz de la debacle sufrida en las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo, el derrotismo recorría a los socialistas. Ahora ocurre todo lo contrario. 

Tras perder seis comunidades y 15 capitales de provincia, estaban convencidos de que iban a correr la misma suerte en el Gobierno central. Pero luego comenzaron las negociaciones entre el PP y Vox en los distintos territorios, con acuerdos de coalición incluidos, y el PSOE se creció al colocar el foco en las relaciones con la ultraderecha, situando al PP a la defensiva. Entonces llegó el cara a cara con Alberto Núñez Feijóo. Sánchez tenía depositadas enormes expectativas en la cita, y había pedido realizar seis de este tipo antes de los comicios de este domingo, pero acabó desaprovechando esta única oportunidad. Nueva caída emocional, de la que el partido no se recuperó hasta hace solo unos días, gracias al enredo del candidato del PP con las pensiones, la vuelta al primer plano de sus fotos en los 90 junto al narcotraficante Marcial Dorado y el debate a tres con Yolanda Díaz y Santiago Abascal, que con Feijóo ausente sirvió para que Sánchez mostrara su sintonía con la aspirante de Sumar. 

Ahora casi todos los socialistas hablan de “remontada”. El empleo de esta palabra casa mal con la defensa que el Gobierno hace siempre de las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), las únicas que dan al PSOE por delante del PP, pero el mantra se repite en cada esquina de la organización. 

«Empezamos diciendo que el pescado estaba vendido, pero la España progresista está despertando», señala Sánchez

“Hemos ido de menos a más. El PP está desfondado y el PSOE remontando”, dijo Sánchez a primera hora de la mañana de este viernes en RTVE. “Empezamos esta campaña diciendo que todo el pescado estaba vendido, que no había nada que hacer. Pero lo que se nota ahora es que la España progresista está despertando. Tengo buenas vibraciones”, añadió horas después en Onda Cero. 

La movilización del electorado

Los colaboradores del presidente del Gobierno aseguran que se trata de un optimismo “sincero”, no del discurso de rigor para no parecer por completo derrotado antes de que los españoles depositen su voto. Insisten en que la campaña, con sus altibajos, ha servido para reactivar a los simpatizantes progresistas, hasta ahora mucho más dormidos que los conservadores, y que incluso han logrado darle la vuelta y hacer suyos sobrenombres tan despectivos como el de ‘Perro Sanxe’. Los dirigentes socialistas llevan días haciéndose fotos con canes. El último fue el propio Sánchez este viernes, coincidiendo con el Día Mundial del Perro. Por un momento, el PSOE pensó incluso que iba conseguir darle la vuelta al que te vote Txapote”, después de que el PP, que tanto ha atacado al presidente por sus acuerdos con EH Bildu en el Congreso de los Diputados, pactase con los aberzales el reparto de las comisiones en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Pero los conservadores dieron finalmente marcha atrás, conscientes del daño electoral que podían sufrir. 

En realidad, más allá de memes y alianzas en municipios, todo depende de “un puñado de escaños”, reconocen en la dirección socialista. El resultado final, continúan las mismas fuentes, vendrá determinado por siete u ocho diputados en el bloque de la izquierda o en el de la derecha. Si el PP y Vox alcanzan mayoría absoluta, no habrá nada que hablar. Si se quedan cinco por debajo, en torno a los 170, Feijóo tendrá muchas posibilidades de convertirse en el próximo jefe del Ejecutivo, si logra pactar su investidura con partidos pequeños como Coalición Canaria, Unión del Pueblo Navarro y Teruel Existe. Pero si la suma de la derecha y la ultraderecha alcanza solo los 165 escaños, Sánchez podría volver a intentarlo, aunque puede que esta vez necesite a Junts per Catalunya, una hipótesis que quita el sueño al PSOE. 

Cambios en la agenda

Es esta sensación de “remontada”, de que la batalla no está perdida, la que explica los últimos movimientos del candidato socialista. Sánchez había diseñado una campaña atípica. En parte por sus obligaciones internacionales, con España ostentando desde principios de mes la presidencia rotatoria de la UE, en parte por haber concluido que los grandes actos movilizan poco voto, en parte por las elevadas temperaturas y en parte para no pedir grandes esfuerzos a las deprimidas federaciones socialistas, el presidente quiso hacer pocos mítines y muchas entrevistas. En una enmienda a su política de comunicación durante estos años, acudió a varios medios de tendencia conservadora. 

Pero esta semana su agenda sufrió cambios. Ante el baile de escaños y las renovadas esperanzas, Sánchez decidió protagonizar actos donde los socialistas consideran que puedan arañar algo frente al PP: el lunes estuvo en Huesca, el martes en San Sebastián y el jueves en Lugo. Habló de «remontada» en todas sus intervenciones. El domingo se sabrá si el augurio se convierte en realidad, algo que agrandaría la imagen de Sánchez como dirigente que sobrevive contra todo pronóstico, o el PSOE vuelve a sufrir una nueva ola de abatimiento, muchísimo más duradera que las padecidas durante esta campaña. 

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