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24 mayo, 2024

¿Es posible promover la paz en un mundo en pie de guerra? «La diplomacia nunca funciona, hasta que de pronto lo hace»

Cualquier iniciativa para promover la paz mientras suenan las bombas parece naif. ¿Cómo se va a hablar de negociación con Rusia mientras bombardea despiadadamente la ciudad de Járkov? ¿Cómo se va a tratar sobre el futuro de Gaza o de un Estado palestino si en la Franja la vida es casi imposible por la destrucción y Hamás e Israel están en guerra? Las preguntas son legítimas, pero la respuesta histórica es clara: hasta los peores y más agrios conflictos terminan, y a menudo lo hacen con acuerdos de paz.

Hay personas que piensan en cómo construir esa paz y hay toda una disciplina que se dedica a ello (peacebuilding). Uno de ellos es Dan Smith (Colombo, 1951), director del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI). El experto británico atiende a El Periódico de España, del mismo grupo editorial, por videoconferencia desde su oficina en Suecia. 

¿Hay alguna especie de estrategia u hoja de ruta para rebajar la tensión bélica actual? 

Rusia parece tener una posición basada en un absoluto: Ucrania no tiene derecho a existir, según el presidente o ideólogos como Alexander Dugin. Parece muy difícil ver cómo van a cambiar de postura. Pero la historia nos muestra que en otros conflictos también había posiciones absolutas, que con el tiempo acaban siendo modificadas. En ocasiones, en el último minuto. Los blancos de Sudáfrica nunca iban a ceder el poder, y finalmente lo hicieron. Los republicanos y los unionistas en Irlanda del Norte no podían de ninguna manera compartir el poder, hasta que luego lo compartieron. La diplomacia nunca funciona, hasta que lo hace…

¿Será una paz por territorios? 

Muchos han asumido el modelo de paz por territorios, pero creo que esa lógica puede demostrarse equivocada. No está claro que si Rusia consigue algo de territorio, entonces la paz llegará. Estoy más inclinado a pensar que habrá algo parecido a un estatus especial para esas áreas del este de Ucrania. Todo tiene que ver con cómo se desarrolle la guerra. Hay una teoría en investigaciones sobre paz y resolución de conflictos llamada “el estancamiento mutuamente doloroso”, que dice que ese es el momento en el que un acuerdo es más probable. Ninguna de las partes consigue avanzar, y la guerra daña a ambos de forma equivalente. Si ya no se visualiza un camino hacia la victoria, se puede pensar en otro hacia la negociación y el acuerdo. Claramente, no están aún en ese punto: daña a ambas partes, pero aún no está estancada. 

¿Y en la guerra de Gaza? Allí las fuerzas no están equilibradas, porque uno de los bandos es una potencia militar. El estancamiento nunca va a ocurrir… 

Un mes antes de los horribles ataques de Hamás, que violaron cualquier norma y estándar ético, Anthony Blinken dijo que la región no había estado tan en calma como entonces. En ese discurso ni mencionó el conflicto. No se lo tomaba como un asunto grave, aunque quienes siguen el tema estaban advirtiendo de que las tensiones podrían estallar. Desde el punto de vista de Israel, la situación en Gaza antes del 7 de octubre era bastante aceptable, aunque nunca perfecta; tolerable, pero no buena. Para los palestinos de Gaza, la situación era cercana a lo intolerable y ni de lejos favorable. No es razonable volver a esa situación. Lo que no está claro es la alternativa. Los derechos y los intereses de los palestinos se han dejado a un lado durante los años, hasta el punto de que no se les tenía en cuenta en el conflicto. 

Ha habido cerca de 40.000 muertos… 

Y no es solo un problema de las muertes o cuánta gente esté cerca de una hambruna, sino sobre todo de la destrucción: la mayoría de los edificios y de la infraestructura están destrozadas. Solo la limpieza de los escombros se espera que dure década y media. Para mí es un misterio cómo se crean allí las condiciones [para la paz]. Debe de haber un mecanismo externo, sujeto a condiciones. Y estas deben establecerse en ambos lados. No puede darse una situación en la que Hamás pueda reconstituir su poder, preparar otro ataque y recibir una represalia todavía más dura sobre la población de Gaza. Pero tampoco puedes permitir que la situación de los palestinos en Gaza antes del 7 de octubre continúe. Uno de dos millones necesitaban apoyo internacional, la electricidad funcionaba solo unas horas al día, no había empleo, ni perspectivas para una vida digna. Eso tiene que cambiar si va a haber una resolución pacífica. 

¿Qué hay de Irán y los acuerdos nucleares? 

Creo que hubo una muestra de vandalismo por parte de Donald Trump cuando, escuchando lo que le decía Benjamín Netanyahu desde Israel y a los críticos más duros con Irán, decidió acabar con el acuerdo (JCPOA) que había sido lanzado por Barack Obama, al que odiaba. Era un acuerdo bastante equilibrado, que estaba siendo respetado por los iraníes y monitorizado todo el tiempo por la Organización Internacional de la Energía Atómica, pero fue arrojado por Trump a la papelera por cuestiones ideológicas. Occidente levantó algunas sanciones. Yo visité Teherán durante ese período después de la firma, varias veces, y veía a las empresas operar y cómo la vida se hacía mejor. Pero no recibieron las inversiones que esperaban. No tengo claro cuál es la forma de retomarlo, por la falta de confianza. Imaginemos que hay un presidente en EEUU que quiera relanzarlo, ¿se iban a fiar en Irán? Creo que se hizo un daño severo. Es mucho más fácil romper algo que volverlo a levantar. 

¿Por qué no abundan hoy los acuerdos de paz? 

Los conflictos actuales son muy complejos, pero siempre han sido así. Pero el sistema internacional no está activo y presente para apoyar la resolución de conflictos. El último gran acuerdo de paz fue el de Colombia, de 2016. Eso fue hace ya bastante. En la primera década de este siglo y en los 90, los acuerdos de paz importantes llegaban casi uno cada año. Ahora, el entorno internacional no favorece hacer la paz. En 2005 se publicó un informe, el Informe Humanidad y Seguridad, que pintaba una situación en la que, comparada con los noventa, se veían menos guerras, más cortas, moría menos gente y había más acuerdos de paz. Los autores intentaron explicar por qué: ¿Era porque había más democracia? ¿Era porque había más crecimiento económico? Concluyeron que lo único que podía explicarlo todo era que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en los noventa y principios de este siglo, actuaba de forma más unida que nunca. No estaba boicoteado por el uso del veto. Ahora ha ido en la dirección opuesta: el Consejo está en las condiciones en las que estaba en la Guerra Fría. 

¿Hay algo que países pequeños como España o, donde usted se encuentra, Suecia, que puedan hacer, sus diplomáticos o sus Gobiernos, para promover la paz? 

Hay que centrarse en la generación de confianza. Una de las razones para la pérdida de confianza en la UE fuera de sus fronteras es la sensación de que tiene doble rasero. Los políticos e instituciones europeas se preocupan más de los ucranianos, que al fin y al cabo son europeos, que de los palestinos. No es solo una visión desde el sur global, África u Oriente Próximo, sino desde dentro de la UE y Estados Unidos. Países como España o Suecia, a pesar de que ambos fueron imperios, están algo más alejados de la forma de pensar de grandes potencias como Reino Unido o Francia. Por eso España y Suecia tienen más libertad y espacio mental para decir: la ley importa, los estándares importan. Y si Israel viola la legislación internacional en Gaza, eso es exactamente igual de importante que si lo rompe Rusia en su invasión de Ucrania. La sensación de doble rasero europeo erosiona la confianza externa en las instituciones europeas a un ritmo que aterra.

¿Y los países grandes? 

Todos pueden centrarse en los aspectos en los que la cooperación es a la vez necesaria y posible. Por ejemplo, el entorno natural (no solo el cambio climático, sino la lucha contra los plásticos, ahora se negocia un tratado sobre ello), la biodiversidad, o asuntos sanitarios. Por ejemplo: tenemos un interés compartido en evitar una nueva pandemia, y en establecer mecanismos por medio de los cuales compartimos información de forma mucho más efectiva que durante el Covid. Los asuntos de la lucha contra el crimen o el antiterrorismo son otros ejemplos.

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